Parque-Museo La Venta

Villahermosa

Tabasco es cuna de una de las grandes civilizaciones madre de Mesoamérica y Villahermosa resguarda con celo y orgullo algunos testimonios de esa cultura ancestral: la olmeca. Y como muestra, en la década de los 50 se inauguró el Parque-Museo La Venta, una combinación de arqueología y naturaleza a orillas de la Laguna de las Ilusiones.

En un ambiente de selva natural se hace un recorrido de casi un kilómetro para apreciar la colección de 200 piezas procedentes de la Zona Arqueológica de La Venta, ciudad precolombina donde se asentaron los olmecas.

Sorprende encontrarse con las “Cabezas Colosales”, como la Cabeza del Guerrero que le ha dado la vuelta al mundo. Pero también se admiran estelas dedicadas al maíz, altares, ofrendas masivas y figuras peculiares como “Mono mirando al cielo”, que marcaba el umbral del inframundo de los mayas.

Para enriquecer el recorrido, por las noches se presenta un espectáculo de luz y sonido que narra la importancia de la cultura olmeca y la construcción del museo a través de fragmentos poéticos del tabasqueño Carlos Pellicer.

Las piezas arqueológicas comparten espacio con un zoológico habitado por jaguares, cocodrilos, monos araña y serpientes, por mencionar algunos. Estos ejemplares son una muestra de la gran biodiversidad de la selva tabasqueña, es por ello que el parque recreó senderos con árboles y plantas tropicales.
Tabasco es cuna de una de las grandes civilizaciones madre de Mesoamérica y Villahermosa resguarda con celo y orgullo algunos testimonios de esa cultura ancestral: la olmeca. Y como muestra, en la década de los 50 se inauguró el Parque-Museo La Venta, una combinación de arqueología y naturaleza a orillas de la Laguna de las Ilusiones.

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En un ambiente de selva natural se hace un recorrido de casi un kilómetro para apreciar la colección de 200 piezas procedentes de la Zona Arqueológica de La Venta, ciudad precolombina donde se asentaron los olmecas.

Sorprende encontrarse con las “Cabezas Colosales”, como la Cabeza del Guerrero que le ha dado la vuelta al mundo. Pero también se admiran estelas dedicadas al maíz, altares, ofrendas masivas y figuras peculiares como “Mono mirando al cielo”, que marcaba el umbral del inframundo de los mayas.

Para enriquecer el recorrido, por las noches se presenta un espectáculo de luz y sonido que narra la importancia de la cultura olmeca y la construcción del museo a través de fragmentos poéticos del tabasqueño Carlos Pellicer.

Las piezas arqueológicas comparten espacio con un zoológico habitado por jaguares, cocodrilos, monos araña y serpientes, por mencionar algunos. Estos ejemplares son una muestra de la gran biodiversidad de la selva tabasqueña, es por ello que el parque recreó senderos con árboles y plantas tropicales.

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