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Punta Allen

Quintana Roo

La Reserva de la Biosfera de Sian Ka’an, que se traduce del maya como Puerta del Cielo, resguarda un rincón privilegiado, que es el secreto mejor guardado de los aventureros que buscan el contacto directo con la naturaleza en estado puro: Punta Allen.

El tesoro natural que guarda Sian Ka’an a orillas del mar Caribe es tan cuantioso que, además de ser un área protegida, fue declarada Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco desde 1987.

Para explorar el área, un buen punto de partida puede ser el poblado de Javier Rojo Gómez, de apenas 400 habitantes, que se asienta en una extensa lengua de tierra llamada Punta Allen, ubicada a unos 50 kilómetros de Tulum, en la Riviera Maya.

Aunque las distancias que separan a Punta Allen de otros lugares más poblados y desarrollados de la Riviera Maya no son largas, las dificultades que implica su acceso la han mantenido relativamente aislada.

Para llegar a Punta Allen hay dos opciones: utilizar un vehículo propio o rentado, de preferencia con tracción en las cuatro ruedas, o tomar un transporte hasta el llamado centro de transferencia Caseta Arco Maya, donde hay un embarcadero desde donde salen lanchas que demoran unos 40 minutos en llegar a Rojo Gómez.

Quienes elijan la segunda opción deberán informarse sobre los horarios de los transportes, porque normalmente hay una sola corrida diaria y no es posible ir y regresar el mismo día. El recorrido en total suele requerir unas dos horas, aunque si se hace en un auto de tracción normal, ese tiempo se puede llegar duplicar según el estado del camino. De camino, es buena idea hacer un alto en Boca Paila, donde se pueden ver los cocodrilos que allí habitan.

Una vez en Punta Allen, todas las dificultades para llegar se justifican de inmediato para quienes estaban buscando poner sus pies en un paraíso idílico con playas de fina arena blanca, un mar esmeralda y la vida bullendo por todas partes.

Punta Allen tiene en su extremo (algo apartado del pueblo) un faro abandonado rodeado de exuberante vegetación, tres lagunas que se pueden explorar (la más famosa es laguna Negra) y un embarcadero desde donde parten las excursiones para disfrutar del mar y su fauna.

La comunidad de pescadores y prestadores de servicios turísticos que habitan Punta Allen están organizados para ofrecer paseos en lancha de unas tres horas con tarifas fijas, paseos en kayak por el manglar y también caminatas para descubrir la riqueza natural de la zona.
La Reserva de la Biosfera de Sian Ka’an, que se traduce del maya como Puerta del Cielo, resguarda un rincón privilegiado, que es el secreto mejor guardado de los aventureros que buscan el contacto directo con la naturaleza en estado puro: Punta Allen.

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El tesoro natural que guarda Sian Ka’an a orillas del mar Caribe es tan cuantioso que, además de ser un área protegida, fue declarada Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco desde 1987.

Para explorar el área, un buen punto de partida puede ser el poblado de Javier Rojo Gómez, de apenas 400 habitantes, que se asienta en una extensa lengua de tierra llamada Punta Allen, ubicada a unos 50 kilómetros de Tulum, en la Riviera Maya.

Aunque las distancias que separan a Punta Allen de otros lugares más poblados y desarrollados de la Riviera Maya no son largas, las dificultades que implica su acceso la han mantenido relativamente aislada.

Para llegar a Punta Allen hay dos opciones: utilizar un vehículo propio o rentado, de preferencia con tracción en las cuatro ruedas, o tomar un transporte hasta el llamado centro de transferencia Caseta Arco Maya, donde hay un embarcadero desde donde salen lanchas que demoran unos 40 minutos en llegar a Rojo Gómez.

Quienes elijan la segunda opción deberán informarse sobre los horarios de los transportes, porque normalmente hay una sola corrida diaria y no es posible ir y regresar el mismo día. El recorrido en total suele requerir unas dos horas, aunque si se hace en un auto de tracción normal, ese tiempo se puede llegar duplicar según el estado del camino. De camino, es buena idea hacer un alto en Boca Paila, donde se pueden ver los cocodrilos que allí habitan.

Una vez en Punta Allen, todas las dificultades para llegar se justifican de inmediato para quienes estaban buscando poner sus pies en un paraíso idílico con playas de fina arena blanca, un mar esmeralda y la vida bullendo por todas partes.

Punta Allen tiene en su extremo (algo apartado del pueblo) un faro abandonado rodeado de exuberante vegetación, tres lagunas que se pueden explorar (la más famosa es laguna Negra) y un embarcadero desde donde parten las excursiones para disfrutar del mar y su fauna.

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