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Templo de la Inmaculada Concepción

Angangueo

Si comienzas tu camino por la Plaza Principal, podrás encontrarte con esta inquietante obra de la arquitectura neogótica, situada justo al frente de otro templo con el que comparte estilo. Sin embargo, ambas construcciones recibieron durante mucho tiempo públicos diametralmente distintos en donde era patente las diferencias entre las clases sociales del pueblo.

Esta construcción, erigida durante el auge que tuvo Angangueo a finales del siglo XIX debido a su gran producción minera, fue un regalo de la familia Sotomayor. Estos adinerados propietarios de varias minas decidieron edificar un templo exclusivo donde pudieran reunirse con sus semejantes y parientes, logrando que el arquitecto José Rivero y Heras lo hiciera posible.

El altar mayor, elaborado con mármol blanco traído desde Italia, da fe de la bonanza de aquellos años, donde no era un lujo sino una necesidad enaltecer a quien eligieron como su santa patrona: la Virgen de la Inmaculada Concepción.

Si miras de frente, antes de llegar al altar, encontrarás un púlpito suspendido en el aire, tallado en madera que sobresale de una de sus columnas. El interior es de belleza discreta, como sugiere el estilo neogótico y emana elegancia que se percibe desde su piso hasta las cúpulas. El efecto genera una sensación de amplitud al tiempo que te regala, también, unos minutos de paz.

Complementa tu visita ingresando en el templo que se localiza en la misma plaza y frente a éste: la Parroquia de San Simón Apóstol, a la cual te tomará llegar tan solo un par de minutos, pues basta con cruzar unos cuantos metros para estar dentro de ella.

Si comienzas tu camino por la Plaza Principal, podrás encontrarte con esta inquietante obra de la arquitectura neogótica, situada justo al frente de otro templo con el que comparte estilo. Sin embargo, ambas construcciones recibieron durante mucho tiempo públicos diametralmente distintos en donde era patente las diferencias entre las clases sociales del pueblo.

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Esta construcción, erigida durante el auge que tuvo Angangueo a finales del siglo XIX debido a su gran producción minera, fue un regalo de la familia Sotomayor. Estos adinerados propietarios de varias minas decidieron edificar un templo exclusivo donde pudieran reunirse con sus semejantes y parientes, logrando que el arquitecto José Rivero y Heras lo hiciera posible.

El altar mayor, elaborado con mármol blanco traído desde Italia, da fe de la bonanza de aquellos años, donde no era un lujo sino una necesidad enaltecer a quien eligieron como su santa patrona: la Virgen de la Inmaculada Concepción.

Si miras de frente, antes de llegar al altar, encontrarás un púlpito suspendido en el aire, tallado en madera que sobresale de una de sus columnas. El interior es de belleza discreta, como sugiere el estilo neogótico y emana elegancia que se percibe desde su piso hasta las cúpulas. El efecto genera una sensación de amplitud al tiempo que te regala, también, unos minutos de paz.

Complementa tu visita ingresando en el templo que se localiza en la misma plaza y frente a éste: la Parroquia de San Simón Apóstol, a la cual te tomará llegar tan solo un par de minutos, pues basta con cruzar unos cuantos metros para estar dentro de ella.

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