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Haciendas Pulqueras

Zempoala

Zempoala fue un enclave que se dedicó a la producción del pulque. Alrededor de una docena de haciendas pulqueras aún recuerdan el pasado en que se enviaban a la Ciudad de México grandes cantidades de esta bebida que se obtiene mediante la fermentación del aguamiel del agave.

La Hacienda San Antonio Tochatlaco fue una de las más grandes de su época y en la actualidad está abierta al público. Allí se puede observar el trabajo del tlaquichero, encargado de extraer el aguamiel y recorrer los diferentes edificios que componían el lugar. La construcción aún conserva el tinacal, las habitaciones de los peones, las casas de los tlaquicheros, las de los empleados administrativos y de confianza, además de la capilla.

La Hacienda Los Olivos, por su parte, perteneció a la familia Enciso, dueña de la Casa Grande ubicada en pleno Centro Histórico de Zempoala, y ambas se pueden visitar. Otras dos haciendas espectaculares son Tepa El Chico y San José Tetecuitla.

En sus años de esplendor, las haciendas enviaban miles de litros de pulque a la Ciudad de México, de modo que los propietarios de las haciendas impulsaron la creación de una línea ferroviaria para transportar la bebida de forma más eficiente y económica.

Con este medio de transporte, que se movía menos, se evitaba que la bebida se arruinara antes de tiempo (por la aceleración de la fermentación) y llegaba más rápido y en mejores condiciones a su destino, promoviendo el desarrollo de Zempoala. Aunque las vías del tren ya no existen, todavía se puede visitar la pintoresca estación de ferrocarril de Ánimas, que sigue en pie.
Zempoala fue un enclave que se dedicó a la producción del pulque. Alrededor de una docena de haciendas pulqueras aún recuerdan el pasado en que se enviaban a la Ciudad de México grandes cantidades de esta bebida que se obtiene mediante la fermentación del aguamiel del agave.

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La Hacienda San Antonio Tochatlaco fue una de las más grandes de su época y en la actualidad está abierta al público. Allí se puede observar el trabajo del tlaquichero, encargado de extraer el aguamiel y recorrer los diferentes edificios que componían el lugar. La construcción aún conserva el tinacal, las habitaciones de los peones, las casas de los tlaquicheros, las de los empleados administrativos y de confianza, además de la capilla.

La Hacienda Los Olivos, por su parte, perteneció a la familia Enciso, dueña de la Casa Grande ubicada en pleno Centro Histórico de Zempoala, y ambas se pueden visitar. Otras dos haciendas espectaculares son Tepa El Chico y San José Tetecuitla.

En sus años de esplendor, las haciendas enviaban miles de litros de pulque a la Ciudad de México, de modo que los propietarios de las haciendas impulsaron la creación de una línea ferroviaria para transportar la bebida de forma más eficiente y económica.

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