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Fábrica de rompope San Juan

Huasca de Ocampo

En la antigua hacienda de San Juan Hueyapan fue donde doña Juana aprendió los secretos del rompope. Con apenas 13 años de edad, se juntó con las monjas del convento para recopilar la receta original. Ahora, es de ley echarse un trago con ella en su negocio, la modesta Fábrica de Rompope San Juan, ubicada muy cerca de la plaza del Pueblo Mágico de Huasca de Ocampo, en Hidalgo.

Doña Juana y su familia se encargan de recibir a los visitantes y explicarles el proceso artesanal que siguen para elaborar rompope. Así, se ven estantes repletos con botellas sencillas, pero llenas de sabor, los hay de vainilla, nuez, piñón, pistache o avellana, el favorito.

La visita también incluye probar otra de sus especialidades, las salsas. La anfitriona muestra con orgullo el cazo de cobre que utiliza para prepararlas y donde reposan durante horas, para que el sabor sea el indicado. La receta y secretos de cocción los aprendió de su abuela, quien fuera la cocinera del último dueño de la hacienda San Juan Hueyapan, don José Landeros (hijo). Hay 10 variedades a elegir, pero, es imposible decidirse por cuál llevar a casa, si la de chile morita con xoconostle, la de mango con habanero o la de ciruela con tres chiles.

No importa el producto que compres, lo importante es que las ganancias benefician a las mujeres de la comunidad, ya que se reparten de manera equitativa.
En la antigua hacienda de San Juan Hueyapan fue donde doña Juana aprendió los secretos del rompope. Con apenas 13 años de edad, se juntó con las monjas del convento para recopilar la receta original. Ahora, es de ley echarse un trago con ella en su negocio, la modesta Fábrica de Rompope San Juan, ubicada muy cerca de la plaza del Pueblo Mágico de Huasca de Ocampo, en Hidalgo.

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Doña Juana y su familia se encargan de recibir a los visitantes y explicarles el proceso artesanal que siguen para elaborar rompope. Así, se ven estantes repletos con botellas sencillas, pero llenas de sabor, los hay de vainilla, nuez, piñón, pistache o avellana, el favorito.

La visita también incluye probar otra de sus especialidades, las salsas. La anfitriona muestra con orgullo el cazo de cobre que utiliza para prepararlas y donde reposan durante horas, para que el sabor sea el indicado. La receta y secretos de cocción los aprendió de su abuela, quien fuera la cocinera del último dueño de la hacienda San Juan Hueyapan, don José Landeros (hijo). Hay 10 variedades a elegir, pero, es imposible decidirse por cuál llevar a casa, si la de chile morita con xoconostle, la de mango con habanero o la de ciruela con tres chiles.

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