La Quebrada

Acapulco

En 1930, cuando Acapulco no figuraba como atractivo turístico, nació un juego entre un grupo de valientes muchachos. Éste consistía en lanzarse desde un acantilado a 35 metros de altura, que se formó cuando el cerro fue dinamitado para abrir nuevos caminos.

El reto cobró tanta fama que al pasar de los años originó la creación de la primera Asociación de Clavadistas.

Así es como nació uno de los espectáculos más significativos del puerto de Acapulco, el cual se puede contemplar cinco veces al día. Los clavadistas más esperados son los que ejecutan el último salto, a las 22:30 horas, pues suelen iluminar su hazaña con antorchas.

Un nicho de la Virgen de Guadalupe marca lo más alto de La Quebrada. En este punto, los clavadistas se persignan, levantan los brazos y esperan a que la marea suba seis metros. El sonido de la ola es su indicador para ejecutar la pirueta. En menos de dos segundos están dentro del mar. Los menos experimentados tienen la opción de ejecutar su clavado a una altura de 15 o 18 metros.

Para observar a los clavadistas de La Quebrada hay dos miradores: al pie del risco (la entrada tiene un costo de 40 pesos para adultos y 15 para niños) y desde La Perla, el restaurante del Hotel Mirador, famoso por tener la habitación en donde María Félix “la Doña” y Agustín Lara “el flaco de oro” pasaron su luna de miel, inspiración que le valió al compositor para escribir “María Bonita”.

En 1930, cuando Acapulco no figuraba como atractivo turístico, nació un juego entre un grupo de valientes muchachos. Éste consistía en lanzarse desde un acantilado a 35 metros de altura, que se formó cuando el cerro fue dinamitado para abrir nuevos caminos.

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El reto cobró tanta fama que al pasar de los años originó la creación de la primera Asociación de Clavadistas.

Así es como nació uno de los espectáculos más significativos del puerto de Acapulco, el cual se puede contemplar cinco veces al día. Los clavadistas más esperados son los que ejecutan el último salto, a las 22:30 horas, pues suelen iluminar su hazaña con antorchas.

Un nicho de la Virgen de Guadalupe marca lo más alto de La Quebrada. En este punto, los clavadistas se persignan, levantan los brazos y esperan a que la marea suba seis metros. El sonido de la ola es su indicador para ejecutar la pirueta. En menos de dos segundos están dentro del mar. Los menos experimentados tienen la opción de ejecutar su clavado a una altura de 15 o 18 metros.

Para observar a los clavadistas de La Quebrada hay dos miradores: al pie del risco (la entrada tiene un costo de 40 pesos para adultos y 15 para niños) y desde La Perla, el restaurante del Hotel Mirador, famoso por tener la habitación en donde María Félix “la Doña” y Agustín Lara “el flaco de oro” pasaron su luna de miel, inspiración que le valió al compositor para escribir “María Bonita”.

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