Colima

El Estado de Colima, cuenta con variados ecosistemas, diversidad de cultura y tradiciones y una amplia oferta gastronómica distribuida en sus 10 municipios: Manzanillo, Armería, Tecomán, Ixtlahuacán, Colima, Minatitlán, Coquimatlán, Villa de Alvarez, Comala y Cuauhtémoc que hacen que, del mar a la montaña, recorrer el estado sea un abanico de diversas experiencias únicas y en menor tiempo que en otros lugares del país y el mundo haciéndolos sentir siempre en su casa.

Antecedentes Prehispánicos
Con base en el análisis de los materiales arqueológicos correspondientes a la fase Capacha, se afirma hoy que los primeros asentamientos humanos en Colima datan del siglo XV (A.C)., siendo por tanto contemporáneos de sitios olmecas como San Lorenzo, en la zona del golfo y Tlatilco, en el Altiplano.

Alrededor del siglo V (A.C.) se inicia una nueva fase, conocida como Los Ortices, en la que por primera vez aparecen los elementos que caracterizarán a la cultura de los pueblos prehispánicos de Colima: las «tumbas de tiro» y la cerámica «rojo bruñido». Esta fase habría de prolongarse por casi un milenio, hasta la aparición del complejo denominado Comala – 100 D.C. a 600 D.C.
Es durante éste último que la cerámica colimense alcanza su más alto grado de perfección, en la representación de personajes y animales con gran calidad técnica y plástica; ejemplo de ello son los famosos «perros sebados». A la fase Comala se sobrepuso el complejo Colima, donde puede identificarse cierta influencia tehotihuacana; y hacia el año 500 d. C. el complejo Armería, que se desarrolló sobre la cuenca del río del mismo nombre.

Siguió a los ya citados el complejo Chanal -siglos VI a XV d.C.-, llamado así por las ruinas de ese nombre, cercanas a la Ciudad de Colima. A este período pertenecen la mayoría de las zonas arqueológicas conocidas y exploradas, con edificios y traza urbana -plataformas piramidales, calzadas y plazas-, entre las que destacan el mismo Chanal y La Campana. Además de sus construcciones, realizadas con cantos rodados, caracterizan a este complejo las representaciones de deidades como Huehuetéotl y Tláloc, indicativas de la influencia y quizá el arribo de grupos procedentes de Mesoamérica.

Una última migración del norte, con tradición cerámica distinta a las anteriores, parece haber arribado a la costa colimense alrededor del siglo X D.C; a sus restos se da el nombre de complejo Periquillo.

Fueron los pueblos de los complejos Periquillo y Chanal, que perduraban en el siglo XVI de nuestra era, quienes enfrentaron a los conquistadores europeos.
Antecedentes Coloniales

Juan Rodríguez de Villafuerte capitaneó la primera incursión de la hueste española al territorio de la antigua provincia de Colimán en 1522, siendo derrotado por los nativos en el valle de Tecomán. Tras él vino el capitán Gonzalo de Sandoval, enviado por Hernán Cortés con instrucciones de conquistar la tierra y fundar una villa. Sandoval cumplió y en el pueblo de Caxitlán, cercano a la costa, fundó en 1523 la primera villa de Colima y estableció cabildo, siendo éste el tercero más antiguo de la Nueva España. Más adelante, en 1527 Francisco Cortés de San Buenaventura trasladaría la villa a su actual ubicación, dándole el nombre de San Sebastián de Colima.
Cortés de San Buenaventura, teniendo como base a Colima continuó las expediciones de descubrimiento y conquista hacia el norte, ampliando el territorio de la nueva provincia hasta el sur del actual estado de Sinaloa. Posteriormente, con la creación del reino de la Nueva Galicia, Colima perdería todos sus territorios situados al norte del río de Cihuatlán o Marabasco, y la región al sur de la Laguna de Chapala, llamada entonces Pueblos de Avalos. Por el sureste conservó hasta casi el final del siglo XVI la región de los Motines, hoy perteneciente a Michoacán, y hasta el XIX en el nordeste el corregimiento de Xilotlán, hoy en Jalisco.

Desde su fundación Colima fue alcaldía mayor, dependiente en lo judicial de la Real audiencia de Nueva España. Con las reformas borbónicas y la reorganización del virreinato, en la última década del siglo XVIII Colima se convirtió en subdelegación de la Intendencia de Guadalajara.
En lo religioso dependió del obispado de Valladolid desde la creación de éste, hasta finales del siglo XVIII, en que pasó a depender del obispado de Guadalajara. El clero regular estuvo representado por los franciscanos, mercedarios y los hermanos de San Juan de Dios.
En los primeros años inmediatos a la conquista la población indígena se redujo drásticamente. Según las estimaciones aceptadas, pasó de 150 mil antes de 1523 a menos de 15 mil en 1554, y sólo comenzó a recuperarse hasta mediados del siglo XVII, a pesar de la introducción de esclavos africanos y posiblemente indígenas de regiones vecinas.

El puerto de Santiago de Buena Esperanza, hoy Manzanillo, fue fundamental para las expediciones cortesianas que llevaron al descubrimiento de las Californias; y escenario frecuente de las incursiones de los piratas atraídos por el paso del Galeón de Manila; entre otros Francis Drake (1579), Thomas Cavendish (1587) y el holandés Joris Van Speilbergen (1615), quien allí fue derrotado por las milicias colimenses al mando del capitán Sebastián Vizcaíno.
Sus industrias fueron durante el virreinato la producción de sal y de «vino de coco» -aguardiente destilado de la tuba, savia del cocotero-. En lo agrícola, sus principales cultivos fueron el cacao, en el siglo XVI, y posteriormente coco, caña de azúcar y algodón. También produjo arroz, añil y vainilla, así como ganado bovino y mula.

Siglo XIX

Las noticias del levantamiento encabezado por Miguel Hidalgo llegaron pronto y causaron alarma entre el vecindario español; después de todo, habiendo sido antes párroco de la villa, el cura de Dolores era conocido y tenía amigos y discípulos en Colima. En octubre de 1810 las autoridades aprehendieron a los alcaldes de los pueblos de indios, reunidos en Almoloyán, sospechando que planeaban una sublevación.

En realidad, los indios del Cuartel de los Nahuales, igualmente alarmados por las noticias de que los «alzados» eran enemigos del Rey y avanzaban destruyendo los templos, se habían reunido para acordar su defensa. Se acusó de ser el incitador a José Antonio Díaz, párroco de Almoloyán y amigo personal de Hidalgo, quien más adelante se uniría al ejército insurgente.

Un mes más tarde, en noviembre de ese año los insurgentes al mando de José Antonio Torres (hijo) harían su primera entrada a Colima. A los pocos días la ciudad era retomada por los realistas, y luego nuevamente por los insurgentes; y así sucesivamente sin conservar ni uno ni otros la plaza. Hubo algunas batallas de significación local, en las que destacaron como militares José Calixto Martínez, alias «Cadenas», Ignacio Sandoval, Miguel «El Lego» Gallaga, entre otros.
En 1813, estando Colima en manos de los realistas el cabildo juró la Constitución de la Monarquía Española; y la villa pasó a ser ayuntamiento de la Diputación Provisional de Guadalajara. Tocó a Brizuela, comandante colimense de la plaza en 1821, proclamar en Colima el Plan de Iguala, que solemnemente juramentaron las autoridades militares, civiles y religiosas.

Consumada la Independencia y siendo aún ayuntamiento de la Diputación de Guadalajara, Colima cedió a Zapotlán los pueblos de Tecalitlán y Xilotlán, a cambio del pueblo de Tonila. Con este acto, al perder su extremo nordeste el futuro estado se vio reducido a las dimensiones actuales.
Restituido el orden, en 1824 el Congreso otorgó a Colima la categoría de Territorio de la Federación, viéndose por primera vez libre de sus vecinos Michoacán y Jalisco, aunque por pocos años pues en 1837 volvería a depender del primero, llamado entonces Departamento de Michoacán, del que Colima sería Distrito del Sudoeste.

En ese lapso lograron los colimenses abrir el puerto de Manzanillo al comercio internacional y de cabotaje, aunque por breve tiempo; y adquirir su primera imprenta, que estrenaron en 1826 con la publicación del Manifiesto del coronel Anastasio Brizuela y en la que los señores Ramón R. de la Vega y Ramón Fajardo, editarían en 1830, «El Observador de las Leyes», primer periódico colimense.

Debieron pasar nueve años para que Colima recuperara la categoría de Territorio; esperar dos más para reabrir Manzanillo al comercio marítimo internacional y otros nueve, para al fin, en 1856 verse elevado a la categoría de Estado de la Federación. Libre una vez más, el 19 de julio de 1857 instala su primera Legislatura y el Gral. Manuel Alvarez es declarado primer Gobernador electo.
Al año siguiente, en marzo de 1858 recibe Colima al presidente Benito Juárez con su Gabinete, siendo declarado el palacio de gobierno del estado como sede provisional del Gobierno de la República.

En 1861, por primera vez desde la conquista Colima ve incrementado su territorio al cederle el Congreso Federal las Islas Revillagigedo, para la instalación de un penal. La segunda, aunque temporal, sería en 1865 por la Ley de División Territorial del Imperio, decretada por Maximiliano, que le otorgó a Colima categoría de Departamento, con cinco distritos: Colima, Zapotlán, Sayula, San Gabriel y Manzanillo.

Con la instalación de las fábricas de hilados y tejidos: La Armonía, La Atrevida y San Cayetano, comenzaron a vislumbrarse los signos de la «modernidad científica». En 1869 se inauguró el servicio del telégrafo en la ciudad capital e inmediatamente después en el puerto de Manzanillo. Asimismo, en 1883 el teléfono.

En 1871 se inició la construcción del Teatro Hidalgo, cuyo estreno «oficial» debió esperar hasta 1887, cuyo nombre fue Teatro Santa Cruz en honor al gobernador de ese entonces. Abrió sus puertas en 1874 la primera institución de educación media del estado, «El Liceo de Varones». Y con la pompa y solemnidad del caso se celebró en diciembre de 1881 la elevación de la parroquia de Colima al rango de obispado.

Antes de terminar el siglo llegó a apuntalar la recién estrenada modernidad el ferrocarril, símbolo de los tiempos. Tras muchas vicisitudes, el 16 de septiembre de 1889 se inauguró el tramo de vía Manzanillo – Colima, y en marzo de 1892 el ferrocarril urbano de la ciudad de Colima.

Siglo XX

Tras un breve pero dramático intermedio causado por el terremoto del 19 de enero de 1900, Colima reanudó su marcha modernizadora. Los foquitos se encendieron a tiempo para alumbrar las fiestas decembrinas de 1906. Se terminó el anhelado tramo de ferrocarril Colima-Tuxpan, que, en su viaje inaugural, en diciembre de 1908, arribó a Colima trayendo como su más distinguido pasajero al presidente Porfirio Díaz.

Pasada la crisis de la Revolución Mexicana, comenzaron a surgir las organizaciones sociales que caracterizarían al período posrevolucionario. Comenzó la reforma agraria con la creación de los ejidos -Suchitlán el primero- y se constituyeron organizaciones como la Sociedad Cooperativa de Salineros de Colima y la Unión de Estibadores de Manzanillo. En las décadas siguientes la política local se vería marcada por la intromisión del nuevo centralismo presidencialista, origen de los conflictos que elección tras elección padecía el estado.

Consecuente con la política del Centro, el gobierno local inició la requisa de escuelas, hospitales y otras instituciones operadas hasta entonces por el clero y organizaciones católicas. Al publicarse la Ley de Cultos en 1926, se desató una guerra abierta entre cristeros y agraristas. En los cinco años siguientes la «cristiada» iba a causar entre los colimenses más daños y enconadas divisiones que ninguna guerra anterior, sin resolver nada.

La industria textil se agotó antes de terminar el siglo XIX; pero no así el cultivo de algodón, que ya con el ferrocarril fue enviado a Guadalajara. En la década de los 40 se abren al cultivo nuevas tierras en el valle de Tecomán, iniciándose un nuevo ciclo económico que se va a distinguir por el cultivo del limón y el nacimiento de las agroindustrias.

La Navidad es una de estas tradiciones que celebran de manera peculiar: niños, que representan a Jesús y a María, van tocando de puerta en puerta mientras cantan villancicos, por lo que son premiados con diversas golosinas. Un día después, el 25, llega el Niño Dios a hacer obsequios a todos los niños.

En el pueblo de Ixtlahuacán tiene lugar otra singular celebración: el tradicional robo del Niño Dios. En ella, cuatro chayacates, hombres enmascarados y vestidos con un costal, roban de la casa del mayordomo al Niño, para lo cual se valen de distintas estratagemas llenas de ingenio.

Otra fiesta importante es la del Cristo Viajero, Señor de la Expiración, que va de pueblo en pueblo, de ahí su nombre. La última visita que hace, el segundo lunes de cada enero, es al poblado de Coquimatlán. Ese día se queman castillos y se encabeza la procesión con un carro alegórico en cuya plataforma se coloca el nicho del Cristo Viajero. Las mujeres jóvenes más agraciadas se visten con brillantes túnicas, alas de papel crepé y coronas de oropel. Al día siguiente gran cantidad de danzantes y grupos de pastorelas rinden homenaje al Señor de la Expiración.

En cuanto a las artesanías y objetos de arte popular poseen muestras de magnífica calidad como las tradicionales hamacas, los muebles de parota y cuero delicadamente decorados, equipales, trajes, cascos y máscaras, así como bastones, coronas y cinturones de hojalata para los danzantes. También se pueden encontrar ollas bellamente decoradas; y los vestidos profusamente bordados en color rojo sobre blanco, que todas las mujeres, nietas, madres y abuelas, portan el 12 de diciembre como homenaje a la Guadalupana.

La cultura de Colima está estrechamente relacionada con la artesanía, los bailes y las celebraciones

Entre los platillos colimenses más gustados y representativos del estado están los sopitos -pequeñas tostadas cubiertas con picadillo y bañadas en "jugo"-; los sopes gordos, de pata, lomo o pollo; y las tostadas de las mismas carnes y preparadas sobre tortillas raspadas y doradas. El pozole de cerdo es la merienda tradicional, con la característica de ser seco.

tros guisos típicos son el tatemado -carne de cerdo macerada en vinagre de coco y guisada en chile colorado-, la pepena -vísceras guisadas-; y la coachala -maíz martajado y cocido con pollo deshebrado-. Las variedades locales del tamal son pata de mula -de frijol, envueltos en "hoja" de maíz, no en totomoxtle-; los de carne y los de elote tierno. Comala se distingue por la producción de productos lácteos, como quesillo ranchero, panela y crema; también, junto con Villa de Álvarez, por su pan dulce, del que destacan los bonetes o picón de huevo.

Durante la temporada de lluvias es posible disfrutar los chacales, o langostinos de río, preparados en caldo. Igualmente, en ese tiempo, en la costa, los moyos -variedad del cangrejo moro-, guisado a la diabla. Existen criaderos de langostinos que aseguran el abasto permanente de esta delicia culinaria, disfrutable en caldos, a la mantequilla, al ajo o simplemente cocidos. Diferente a la forma que tiene de preparase en los estados vecinos, el cebiche de Colima se hace desmenuzando finamente el pescado y mezclándole zanahoria, además de los ingredientes comunes a este platillo. El pescado a la talla es una especialidad muy apreciada; éste se prepara con un pescado entero, abierto y cubierto con verdura picada, luego envuelto en hoja de plátano y asado a las brasas.

Tres son las bebidas refrescantes típicas de Colima: tejuino, tuba y bate. El tejuino se prepara con un atole de maíz martajado y panocha y se sirve con abundante hielo, sal y limón. La tuba, de origen filipino, es la savia del cocotero, que se extrae cortando el cogollo de lo que formaría el racimo de cocos. Esta puede tornarse natural, almendrada o compuesta con fruta picada y cacahuates. El bate se hace con chan -una semilla de la familia de la chía-, y se sirve con miel de panocha. La única bebida alcohólica fabricada actualmente en Colima es el ponche de Comala, que lo hay de granada -el más tradicional-, ciruela pasa, cacahuate, guayabilla y tamarindo. En su preparación se utiliza mezcal producido en la región del volcán, localmente llamado tuxca. Con el coco se produce una gran variedad de dulces típicos, como el alfajor y distintos tipos de cocadas. También se fabrican dulces de tamarindo, alfajores de piña, rollos de guayaba, borrachitos de leche con canela y plátanos deshidratados.

Los platillos típicos son preparados principalmente a base de maíz, frutas, carne de cerdo, pescados y mariscos. Tamales de maíz, sopitos cubiertos de picadillo, de pata, de lomo o de pollo; langostinos de río preparados en caldo moyos o cangrejo moro guisado a la diabla, pozole de cerdo y el tatemado de carne de cerdo deleitan son algunos platillos típicos. Además, se distingue por su originalidad el cebiche colimeño y el pescado a la talla. Los postres típicos son el alfajor de piña, cocada, rollos de guayaba, plátanos deshidratados y dulces de tamarindo. En colima es muy popular la tuba, así como los vendedores llamados "tuberos". Profesión transmitida de generación en generación, el tubero obtiene la espiga de flores de la palma de coco para preparar la tuba, que junto con el tejuino y el bate forman parte de la tradición colimeña de bebidas naturales.

Galería