Viesca

Reconocido como “El origen de La Laguna”, Viesca era antes un mar en la época prehispánica, ahora, es un desierto de doradas dunas y que se convirtieron en el principal atractivo de este Pueblo Mágico, de grandes tradiciones e historia.

Durante la prehistoria, la región que hoy ocupa Viesca estuvo sumergida bajo agua, igual que la mayor parte de lo que actualmente es México. A esta vastedad de agua se le denominó el Mar de Tetis. Luego de diversos eventos que derivaron en movimientos y acomodo de las gigantescas placas tectónicas, emergió esta tierra, que igualmente poseía enormes manantiales, salinas naturales, que un inmenso desierto. Durante la época de expansión de los grandes imperios europeos, los españoles llegaron a América.

Según archivos históricos, en 1605 llegó a este lugar Juan Guerra de la Reza, quien fue el primer minero en explotar las salinas en la Nueva Vizcaya, que en 1605 eran llamadas en lengua nativa “de Home”, ubicadas en lo que hoy conocemos como salinas de Viesca, Coahuila. En ese año el territorio tenía una enorme reserva de sal, pues las salinas de Chiametla, en el Pacífico, producían siete mil fanegas de sal al año y las de Home podían producir cien mil fanegas en el mismo plazo.

A finales del siglo 16, los colonizadores, acompañados por tribus tlaxcaltecas, encontraron un territorio rico en manantiales y habitado por nómadas chichimecas. Organizados, a partir del año 1700, españoles y tlaxcaltecas nacidos en la Nueva Vizcaya, solicitaron formalmente al marqués de Aguayo, y posteriormente al gobernador de la provincia, tierras para establecerse de forma oficial. Luego de alegatos y varios intentos fallidos de colonización, el 25 de julio de 1731 –día de Santiago Apóstol, patrón de España, se fundó la población que recibió el nombre de San José y Santiago del Álamo. En 1830 se elevó a categoría de villa con el nombre de San José de Viesca y Bustamante para quedarse finalmente como Viesca.

Rico en historia y tradiciones, el pueblo conserva construcciones como la Capilla de Santa Ana de Hornos, en la ex-hacienda del mismo nombre, que se dice fue construida en 1599 por los jesuitas, quienes dejaron un amplio legado arquitectónico en el que la historia jugó un papel fundamental al hospedar a personalidades como Miguel Hidalgo y Benito Juárez.

El lema en el escudo de Viesca es: “Resurgiremos Siempre”, en clara alusión a su carácter firme y a su determinación de continuar en su amado poblado, a pesar de las vicisitudes de la vida.

En el 2012 recibió la denominación de Pueblo Mágico y desde entonces inició una transformación hacia la vocación turística, preservando su historia.

En su gastronomía resaltan las tradicionales gorditas, elaboradas con masa de harina o de maíz y rellenas de diversos guisos como asado, frijoles, rajas, papas, carne deshebrada, elaborados por las cocineras tradicionales, un grupo de mujeres, amas de casa, que han heredado el sincretismo cultural, formado en parte por su ascendencia tlaxcalteca, aderezada con reminiscencias europeas y sazonadas por los elementos e ingredientes locales- son un ejemplo de dedicación esmerada. Por ello las reliquias y el asado, en Viesca, saben mejor. También se puede disfrutar de una típica “carne asada”. El municipio, es un gran productor de ajo, por lo que este ingrediente está presente en sus recetas y lo exportan a otros pueblos y ciudades. .



En el Valle de Nayarit existe una riqueza gastronómica llena de sabor y aroma únicos, que satisface a los paladares más exigentes, la cocina de Tepic ofrece platillos típicos de la región con ingredientes locales como el pozole y los tamales de camarón. En esta región los diversos platillos son adaptados a los ingredientes que se producen en el estado y la región, tal es el caso de los mariscos, especias o chiles para preparar diversos platillos como sopes o chimichangas de ostión, albóndigas y/o empanadas de camarón por mencionar solo algunos.

Gracias a la producción del camarón se pueden preparar una gran diversidad de platillos como el caldo de camarón, los riquísimos camarones empanizados, al mojo de ajo, a la diabla, en aguachile, al cilantro y a la cacahuata, etc.

El pescado también se prepara de muchas maneras en ceviche, empanizado, a la diabla, al mojo, sin faltar el ingrediente estrella que es la salsa huichol que se produce en esta ciudad y acompaña a todos los platillos.

El pescado zarandeado es el platillo icónico del estado, su origen proviene de la Isla de Mexcaltitán este manjar náhuatl se prepara de preferencia con el pescado llamado “pargo” que por sus propias características (poca grasa en su piel) hace que no se reseque la carne al exponerla al calor. Este pescado se ahúma, sobre el tendido de varillas de palma, se prepara previamente con una salsa especial y se sirve en platones adornado con rodajas de cebolla, jitomate y pepino, acompañado de tortillas recién hechas, tostadas y salsita.

El pollo al estilo Ixtlán del Río, después de cocido se fríe en manteca. Se sirve con papas cocidas y fritas, calabacitas a la vinagreta y lechuga picada, todo esto bañado con una salsa de jitomate con orégano molido.

Pipián de pepitas de calabaza. Este riquísimo guiso se prepara con pepita de calabaza, cacahuate, granos tostados y molidos con el caldo de la carne con que se sirve. La salsa a diferencia de otras entidades donde también se prepara, queda con un color café claro. Se sirve con tortillas y frijoles refritos.

Entre los postres y dulces más típicos podemos destacar las agualamas que son frutos del tamaño de un nanchi, pero de color negro y olor intenso; se consumen preferentemente cocidas con piloncillo y son propias de la temporada de lluvias, el ante, arrayán cubierto, buñuelos de viento, cañas asadas, cocada, coyules, gorditas de maíz horneadas, jericallas, jocuixtles, melado, pan de plátano, plátano pancle, tamales de elote y torrejas.

El Tlaxtihuil es otro platillo de origen prehispánico, que se prepara con atole de maíz, polvo de camarón y chile. Su preparación es muy delicada, realmente es digno de felicitación a quien sabe cocinarlo.

Entre las bebidas tradicionales existe el piznate, tejuino, tepache, agua de cebada y licor de nanche que son tradición en esta región del país, pero que adquieren identidad local por sus procesos de elaboración, regionales, y su maridaje con las comidas.

Cierto es también, que a Tepic han llegado suculentos platillos de diversos puntos de Valle Nayarit, como por ejemplo las tatemas de pescados de la costa norte, los tamales barbones de los municipios limítrofes con Sinaloa, o las birrias de los municipios del sureste, por mencionar algunos.

Pero si nos remitimos a las comidas que esperaban en la mesa a los Tepicenses que vivimos etapas de la segunda mitad del siglo anterior, hemos de mencionar el menú de un comedor que hace seis años cerró sus puertas, el restaurante “El Nilo” significaba la tradición de la comida casera cuyas recetas se heredaron desde la década del veinte. Por ejemplo, el Caldo de Res que se le conoce como ‘cocido’, suculenta combinación de carne de res y verduras como zanahoria, elote y papa. Aún se sirve en los mercados Morelos y Abasolo.

En el Valle de Nayarit existe una riqueza gastronómica llena de sabor y aroma únicos, que satisface a los paladares más exigentes, la cocina de Tepic ofrece platillos típicos de la región con ingredientes locales como el pozole y los tamales de camarón. En esta región los diversos platillos son adaptados a los ingredientes que se producen en el estado y la región, tal es el caso de los mariscos, especias o chiles para preparar diversos platillos como sopes o chimichangas de ostión, albóndigas y/o empanadas de camarón por mencionar solo algunos.

Gracias a la producción del camarón se pueden preparar una gran diversidad de platillos como el caldo de camarón, los riquísimos camarones empanizados, al mojo de ajo, a la diabla, en aguachile, al cilantro y a la cacahuata, etc.

El pescado también se prepara de muchas maneras en ceviche, empanizado, a la diabla, al mojo, sin faltar el ingrediente estrella que es la salsa huichol que se produce en esta ciudad y acompaña a todos los platillos.

El pescado zarandeado es el platillo icónico del estado, su origen proviene de la Isla de Mexcaltitán este manjar náhuatl se prepara de preferencia con el pescado llamado “pargo” que por sus propias características (poca grasa en su piel) hace que no se reseque la carne al exponerla al calor. Este pescado se ahúma, sobre el tendido de varillas de palma, se prepara previamente con una salsa especial y se sirve en platones adornado con rodajas de cebolla, jitomate y pepino, acompañado de tortillas recién hechas, tostadas y salsita.

El pollo al estilo Ixtlán del Río, después de cocido se fríe en manteca. Se sirve con papas cocidas y fritas, calabacitas a la vinagreta y lechuga picada, todo esto bañado con una salsa de jitomate con orégano molido.

Pipián de pepitas de calabaza. Este riquísimo guiso se prepara con pepita de calabaza, cacahuate, granos tostados y molidos con el caldo de la carne con que se sirve. La salsa a diferencia de otras entidades donde también se prepara, queda con un color café claro. Se sirve con tortillas y frijoles refritos.

Entre los postres y dulces más típicos podemos destacar las agualamas que son frutos del tamaño de un nanchi, pero de color negro y olor intenso; se consumen preferentemente cocidas con piloncillo y son propias de la temporada de lluvias, el ante, arrayán cubierto, buñuelos de viento, cañas asadas, cocada, coyules, gorditas de maíz horneadas, jericallas, jocuixtles, melado, pan de plátano, plátano pancle, tamales de elote y torrejas.

El Tlaxtihuil es otro platillo de origen prehispánico, que se prepara con atole de maíz, polvo de camarón y chile. Su preparación es muy delicada, realmente es digno de felicitación a quien sabe cocinarlo.

Entre las bebidas tradicionales existe el piznate, tejuino, tepache, agua de cebada y licor de nanche que son tradición en esta región del país, pero que adquieren identidad local por sus procesos de elaboración, regionales, y su maridaje con las comidas.

Cierto es también, que a Tepic han llegado suculentos platillos de diversos puntos de Valle Nayarit, como por ejemplo las tatemas de pescados de la costa norte, los tamales barbones de los municipios limítrofes con Sinaloa, o las birrias de los municipios del sureste, por mencionar algunos.

Pero si nos remitimos a las comidas que esperaban en la mesa a los Tepicenses que vivimos etapas de la segunda mitad del siglo anterior, hemos de mencionar el menú de un comedor que hace seis años cerró sus puertas, el restaurante “El Nilo” significaba la tradición de la comida casera cuyas recetas se heredaron desde la década del veinte. Por ejemplo, el Caldo de Res que se le conoce como ‘cocido’, suculenta combinación de carne de res y verduras como zanahoria, elote y papa. Aún se sirve en los mercados Morelos y Abasolo.



El Menudo de ‘caldo gordo’ era otro imperdible alimento, cuando aún no se le consideraba un castigo al corazón como en nuestros días. El caldo se degustaba con cebolla, yerbabuena, orégano y chile verde.

Los Tepicenses recordamos también aquellas tostadas que la gente conocía como “Tostadas del Resbalón”, cuyo estilo de origen pudo haber sido en los comedores de las fábricas de Jauja y Bellavista. Se doraba en manteca una gorda de masa de maíz, de unos 12 centímetros de diámetro, hasta que la tortilla quedaba muy bien doradita. Sin más, se le colocaban encima trozos de lomo o pierna de carne de puerco, previamente freídos en manteca y chanfaina. La comida no llevaba ninguna otra guarnición que sal, limón y la salsa huichol que luego se comercializaría a nivel mundial.

Los llamados “tacos de canasta”, también llamados sudados o paseados, quizá también fueron una solución para los obreros de las fábricas, pues así no se manchaban de salsas las manos. Consideremos que manejaban mantas, algodones y tusores.

La morisqueta era un platillo cotidiano. A los frijoles de la olla se le añadía arroz blanco. A veces no había más, pero eso bastaba.



El Menudo de ‘caldo gordo’ era otro imperdible alimento, cuando aún no se le consideraba un castigo al corazón como en nuestros días. El caldo se degustaba con cebolla, yerbabuena, orégano y chile verde.

Los Tepicenses recordamos también aquellas tostadas que la gente conocía como “Tostadas del Resbalón”, cuyo estilo de origen pudo haber sido en los comedores de las fábricas de Jauja y Bellavista. Se doraba en manteca una gorda de masa de maíz, de unos 12 centímetros de diámetro, hasta que la tortilla quedaba muy bien doradita. Sin más, se le colocaban encima trozos de lomo o pierna de carne de puerco, previamente freídos en manteca y chanfaina. La comida no llevaba ninguna otra guarnición que sal, limón y la salsa huichol que luego se comercializaría a nivel mundial.

Los llamados “tacos de canasta”, también llamados sudados o paseados, quizá también fueron una solución para los obreros de las fábricas, pues así no se manchaban de salsas las manos. Consideremos que manejaban mantas, algodones y tusores.

La morisqueta era un platillo cotidiano. A los frijoles de la olla se le añadía arroz blanco. A veces no había más, pero eso bastaba.

En cuanto a la repostería y el delicioso arte de la preparación de dulces, Viesca es campeón. Los mamones o deliciosos panes preparados con piloncillo son su identidad. Elaborados con harina integral y con una consistencia porosa y su característico color rosa los hace irresistibles, inconfundibles. La gastronomía local incluye también la elaboración de fruta y cactáceas cristalizadas; desde dátiles hasta biznagas. Todos suculentos, todos de producción local. Los dulces de leche y nuez son de altísima calidad. Bajo reservación, los guías turísticos locales pueden llevarle a una de las empresas familiares donde, a la usanza tradicional podrás probar estas exquisiteces.

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