Puebla

La Fundación
La Ciudad de los Ángeles, hoy Cuatro Veces Heroica Puebla de Zaragoza, a diferencia de otras ciudades de la Nueva España, no existía como población antes de la llegada de los españoles a Mesoamérica, por lo que no fue asignada a ningún encomendero ni conquistador. Era una zona despoblada, colindante de varios señoríos prehispánicos, conocida con el nombre de Cuetlaxcoapan o “Lugar donde las serpientes cambian de piel”, con una ubicación privilegiada rodeada de fértiles valles y abundantes brotes de agua dulce.
Los responsables de fundar una “Puebla de Españoles” en esta zona fue la Segunda Audiencia, representada por el oidor don Juan de Salmerón, con la autorización de la Reina Isabel de Portugal, además del primer obispo de la recién fundada Diócesis de Tlaxcala, el dominico fray Julián Garcés y el franciscano fray Toribio de Benavente “Motolinía”.

Así, el 16 de abril de 1531, se realizó una misa con la que quedó establecida esta nueva fundación, que recibiría el título de Ciudad el 20 de marzo de 1532, a través de un documento firmado por Isabel de Portugal, conocido como “Cédula Real”. En 1538 se logró que la misma reina concediera un escudo de armas a esta ciudad, a través de la “Real Provisión”.
Los títulos y privilegios que ennoblecían a la ciudad llegaron muy rápido, ya que el 12 de julio de 1558 recibió el título de “Noble y Leal”; el 24 de febrero de 1561 se le intituló “Muy Noble y Leal”. La Real Provisión firmada por el Rey Felipe II donde la nombraba “Muy Leal” fue firmada el 6 de febrero de 1577. De esta forma esta ciudad igualaba los títulos de las grandes ciudades de la Corona Española: “Muy Noble y Muy Leal Ciudad de los Ángeles”.

El Virreinato
Durante el Virreinato, la ciudad de los Ángeles alcanzó un auge económico, artístico y cultural que la llevaron a compararla con la Ciudad de México, capital de la Nueva España.
El plano más antiguo de la ciudad de Puebla que se conoce y en el que se observa la traza, fue elaborado por Cristóbal de Guadalajara en 1698 y se conserva en el Archivo General de Indias (Sevilla, España). En él se observa la distribución de solares y la gran cantidad de caminos que conectaban a la ciudad con otras poblaciones en todos sus puntos cardinales.
El rápido crecimiento de esta ciudad, se reflejó en el nacimiento de instituciones educativas para la población. Por esta razón los jesuitas llegaron a la ciudad a fundar varios colegios, entre ellos, el Colegio del Espíritu Santo (15 de abril de 1578). Con el paso de los años este Colegio se transformó en el Colegio del Estado, que por las necesidades educativas de la ciudad llegó a ser la Universidad Autónoma de Puebla.
La importancia de Puebla se vio reflejada en el traslado de la sede episcopal desde Tlaxcala, lo que significó un cambio radical en su historia.

Por tal motivo, la consagración de la Catedral, el 18 de abril de 1649, por el obispo Juan de Palafox y Mendoza, ha sido un hecho histórico que cambió la historia de la ciudad, ya que el edificio catedralicio desde esos años ha sido un referente único y obligado del arte, la cultura y la historia, no sólo de Puebla, sino de México y de América Latina.

Otra de las obras de este que dejaron una marca para siempre en la ciudad fue la donación en 1646 de su biblioteca personal a los colegios de san Pedro y san Juan, con el objetivo de tener una biblioteca de carácter público, hecho extraordinario y único para la época que acercó el conocimiento a la población. Con el paso de las décadas, el acervo fue creciendo y en 1773 el obispo Francisco Fabián y Fuero mandó a construir el maravilloso edificio y estanterías que hoy luce la Biblioteca Palafoxiana, considerada no sólo la primera biblioteca pública del continente, sino también la única biblioteca antigua de América que conserva su edificio, mobiliario, estantería y acervo originales. Por estas razones, en junio de 2015 la UNESCO la inscribió en el programa “Memoria del Mundo”.

El 16 de abril de 1690 se dio otro hecho que dejó uno de los tesoros artísticos más importantes de la historia, la apertura de la Capilla del Rosario en la Iglesia de Santo Domingo, que desde ese año se le conoció como “la Octava Maravilla del Nuevo Mundo”. Esta capilla sigue cautivando a propios y extraños por su belleza, perfección y mensaje simbólico que no nos dejan lugar a dudas cuando se habla de Puebla como un gran centro del Arte Novohispano.

El Siglo XIX
El obispo Antonio Joaquín Pérez Martínez alojó, del 2 al 5 de agosto de 1821 en el antiguo Palacio Episcopal, hoy Palacio Federal, a Agustín de Iturbide en su camino a la Villa de Córdoba, Veracruz, donde firmaría junto con don Juan O´Donojú, el último virrey que tuvo la Nueva España, los tratados que reconocieron la Independencia de México de la Corona española.
Incluso, algunos meses antes se había impreso y difundido públicamente en el periódico poblano “La abeja Poblana”, el Plan de Iguala, que contenía las ideas fundamentales para finalizar la lucha por la Independencia de México.
El domingo 5 de agosto Iturbide tomó juramento al Alcalde, regidores y a los habitantes de las ideas contenidas del Plan de Iguala, con lo cual la ciudad de Puebla fue la primera metrópoli en declararse independiente de España.

La primera fábrica textil automatizada de América Latina también fue instalada en esta ciudad. Fundada el 7 de enero de 1835 por don Estaban de Antuñano, la fábrica “La Constancia Mexicana”, lleva este nombre por el esfuerzo que significó no sólo su creación, ya que además del capital invertido, hubo que sortear la mala fortuna que hundió al barco que transportaba la maquinaria para la fábrica en varias ocasiones.
Entre todos los hechos históricos ocurridos en Puebla sobresale uno por ser un ejemplo de soberanía: la Batalla del 5 de mayo de 1862. Después de la Guerra de Reforma, México tenía importantes deudas económicas con España, Inglaterra y Francia. Con este último país no se pudo llegar a un acuerdo, lo que provocó la invasión en 1862. Las fuerzas francesas tenían el objetivo de tomar la ciudad de México, por lo que primero tenían que controlar Puebla. La ciudad era defendida por tan sólo 2 mil hombres del Ejército de Oriente a cargo del General Ignacio Zaragoza, que debían enfrentar a más de 7 mil soldados franceses. La batalla para frenar el avance de las tropas invasoras empezó al medio día del 5 de mayo de 1862, y después de casi 5 horas de lucha cuerpo a cuerpo, los mexicanos lograron vencer al que era considerado como el ejército más fuerte del mundo. El nombramiento de Puebla de Zaragoza fue otorgado por el presidente Benito Juárez el 11 de septiembre de 1862, en honor al general Ignacio Zaragoza, héroe de esta batalla, quien había fallecido por tifo a la edad de 33 años en esta ciudad el 8 de septiembre del mismo año.

Al siguiente año, la ciudad de Puebla fue sitiada por el Ejército Francés durante 62 días, en los cuales hubo bombardeos y grandes destrozos. La defensa del Sitio de Puebla, dirigida por el Gral. Jesús González Ortega terminó el 17 de mayo de una forma heroica, incluso reconocido por los mismos invasores, ya que la ciudad cayó más por la falta de víveres y agua que por el poder militar francés.
Después de 4 años de invasión francesa, el inicio de la Restauración de la República también se dio en Puebla. Después de casi 4 años de resistencia, el Ejército Mexicano de la República se había reorganizado para enfrentar a las tropas del Segundo Imperio y retomar el gobierno del país. El Gral. Porfirio Díaz, preparó un ataque a Puebla, que era fundamental para lograr este objetivo, por lo que desde el 9 de marzo de 1867 comenzó un sitio contra la ciudad.

Así, el 2 de abril de 1867 dirigió la ofensiva militar más fuerte para romper el cerco militar de los conservadores, dando inicio a la Restauración de la República, que va a tener como consecuencia el regreso de Benito Juárez a la presidencia de México y la expulsión definitiva de los franceses.

El Siglo XX
La primera gran revolución del siglo XX, la mexicana, tuvo también sus orígenes en Puebla. Aquiles Serdán era una de los simpatizantes más importantes de Francisco I. Madero, quien impulsaba las ideas de No Reelección y del respeto al voto en las elecciones presidenciales, sobre todo después del fraude electoral del 26 de junio en el que se desconocía la victoria de Madero y se reelegía a Porfirio Díaz como Presidente.
Por esta razón, la mañana del 18 de noviembre de 1910 se hizo un cerco policiaco alrededor de la casa de Natalia Serdán, en la que vivían su madre, María del Carmen Alatriste, y sus tres hermanos: Carmen, Máximo y Aquiles junto con su esposa Filomena del Valle. El objetivo era realizar un cateo con el pretexto de que ahí se guardaban armas. Cuando el jefe de la policía, Miguel Cabrera entró a la casa para arrestar a Aquiles Serdán, recibió un disparo en la cabeza que lo mató, iniciándose un tiroteo que duró más de tres horas. El resultado fue la muerte de Máximo Serdán y de otros simpatizantes del antirreeleccionismo. Carmen Serdán quedó herida y Aquiles se escondió para reunirse después con los maderistas, aunque fue asesinado en la madrugada del día siguiente. Con este hecho se considera se inició la Revolución Mexicana, que llevaría a Madero a la presidencia de México.

Hoy el crecimiento industrial de Puebla no se podría entender sin la industria automotriz, siendo el establecimiento de la planta ensambladora de VW en junio de 1965, un hecho trascendente que está más vivo que nunca.

Y es que, con el paso de los años, el famoso VW Sedán es tan poblano como la Catedral, la Capilla del Rosario o el mole, siendo parte de la cultura poblana y uno de los orgullos del esfuerzo de los poblanos.
El 26 de julio de 1950 el Congreso del Estado aprobó que la capital del Estado debía llamarse “Heroica Puebla de Zaragoza”, siendo publicado el decreto en el Periódico Oficial del Estado el 4 de agosto de 1950.
Es esta Puebla intemporal, con el Centro Histórico más extenso del continente americano dada la importancia, número y calidad de monumentos conservados, registrado por la UNESCO como Patrimonio Mundial desde 1987 y, reconocida por este mismo prestigiado organismo internacional, como
Memoria del Mundo, con dos repositorios documentales: la Biblioteca Palafoxiana y el Archivo Histórico Municipal; la Angelópolis, nombrada recientemente como Ciudad Cuatro Veces Heroica (mayo de 2013), nos deleita aún con su rica y variada gastronomía conventual, sus costumbres, tradiciones y celebraciones únicas, la que orgullosa celebra el 485 aniversario de su fundación.

Puebla fue fundada como parte de un proyecto utópico y estaba destinada a ser habitada únicamente por españoles. En esta nueva ciudad, se buscaba permitir el florecimiento de las artes y las virtudes humanistas, siendo la cocina poblana, un reflejo innato de estas ideas, lo que la llevó a convertirse en la cuna de la gastronomía mexicana de hoy, ya que la unión de ingredientes prehispánicos, las especies de la Nao de China y los saberes españoles, dieron para crear nuevos y deliciosos platillos con un rasgo característico del mestizaje.

La cocina poblana es un patrimonio cultural de los poblanos, un sello de identidad, un resumen de su historia, de la fusión de varios mundos.

El platillo simbólico con trascendencia nacional es el Chile en Nogada, producto de los chiles llamados “del tiempo” originarios de las faldas del volcán Popocatépetl, con menor picor y una estructura rematada en una punta de “ganchillo” imposible de imitar. Su relleno es producto de la mezcla de las tradiciones españolas de los “picadillos” de frutas frescas y curtidas, carnes, almendras, canela y especias variadas, rematadas por el “capeo” de huevo un poco cortado para no hacer volumen, solo para sujetar la carne al chile y permitir su presentación estética. La salsa de nogada, originaria de Castilla León, se usaba en los conventos desde mucho antes del descubrimiento de América y servía para complementar las ensaladas de cebollas y betabel.Todo el año la Ciudad de Puebla hace honor a su fama: “tres cosas comen el poblano, cerdo, cochino y marrano” en alusión a la industria derivada de las tocinerías del siglo XVI. La carne de cerdo es consumida en diversas formas, en tacos de carnitas fritas en manteca, cueritos y los más preciados de cabeza de cerdo, donde se seleccionan por buche, cachete, lengua, oreja y los de vísceras. La cabeza de cerdo también se consume en pozole blanco, granos de maíz cacahuazintle hervidos conjuntamente y condimentados con cebolla, orégano molido, lechuga y rábanos.

Uno de los símbolos poblanos adoptados el siglo pasado, son las Chalupas. Estas, preparadas en la zona de los lavaderos de Almoloya, consisten en una pequeña tortilla frita en manteca, casi sancochada, bañada con salsa y adornada con cebolla y carne deshebrada.

Otros alimentos que se consumen todo el año son las cemitas, originales de Puebla, y las tortas compuestas, que consisten en pan de agua relleno con infinidad de guisos y carnes. Molotes, tostadas, memelas, picadas, quesadillas de flor de calabaza y chicharrón prensado o tlales, pelonas y pambazos, entre otros, son antojitos que se ofertan al calor de un comal. Todo el año abundan guisos caseros como el mole de zancarrón y el almendrado, el entomatado, los chiles fingidos, adobo, manchamanteles, pipianes rojo y verde, mole de epazote o chilate y tamales de harina cernida rellenos de queso, rajas, carne o pasas y crema.

La cocina poblana es un patrimonio cultural de los poblanos, un sello de identidad, un resumen de su historia, de la fusión de varios mundos.

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