Pahuatlán

La memoria que evoca el Totonacapan

En tiempos mesoamericanos, el pueblo fue asiento de comunidades nahuas, totonacas y otomíes; su fundación colonial ocurrió hacia 1535 con las etnias náhuatl y Hñahñu que fueron congregadas por frailes agustinos; con este acto pretendió resolverse un conflicto entre aquellos grupos por el dominio del señorío del Totonacapan.

La etimología más conocida del municipio, que es “Pahuatl”, “fruta” o “aguacate”; “tlan”, “junto”, “entre los frutales”, “junto a la fruta”, “lugar de grandes aguacates o pahuas”, da cuenta que rendía tributo a aquellas culturas como los mexicas que lo dominaron, exigiendo además de productos de la tierra pagos en especie con el famoso papel amate.

En 1750 fue adscrito a la jurisdicción de Huachinango.
En el porfiriato, experimentó las mejoras que llegaron con la modernidad que se tradujo en obras de infraestructura como carreteras y presas; en el siglo XX se mantuvo como un referente cultural importante de marcadas raíces indígenas y se consolidó como un enclave de producción cafetalera y artesanal.

Entre delicias de maíz, chile y frijol

El acto de comer parece sublimarse en Pahuatlán, donde en cada mesa se expone un catálogo gastronómico que busca seducir por igual y sin miramientos los paladares de huéspedes y residentes. Para abrir boca están los tacos de chicharróny cebolla, tamales de hollejo(preparados con la pielecilla de granos de elote), de pascal (compuestos de frijol y salsa de cacahuate), molotes bañados de salsa verde o roja y los atoles de cacahuate, mora y piña.

Una ingesta más fuerte puede ser satisfecha con una generosa porción de
moley arroz, pipián rojoy acamayasde río sazonadas al ajillo; en temporada de lluvias están a disposición los chicalesu hormigas en salsa de chiltepín, así como las pahuaso especie de grandes aguacates cuya pulpa untada o en rebanadas se acompaña con tortillas.

A fin de facilitar la digestión existe un buen repertorio de
aguardientesy licores de acachul(uva silvestre de la localidad), maracuyá, piña o jobo, fruto que se parece al tejocote. Para la merienda se antoja una taza de café negro, endulzado con piloncillo o miel y acompañado de pan de horno de leña.

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