Cuernavaca

La ciudad capital del estado de Morelos se ha destacado como un destino multicultural, turístico y de gran belleza natural. Desde la época prehispánica, los Tlahuicas la hicieron su centro de operaciones y hoy día, la Zona Arqueológica de Teopanzolco es testigo de esa grandeza.  Hernán Cortés la convirtió en la sede del marquesado de Oaxaca, desde donde organizó algunas de sus expediciones de conquista y construyó el Palacio de Cortés, uno de los edificios no religiosos más antiguos de América. Los frailes franciscanos erigieron a corta distancia, el convento de Nuestra Señora de la Asunción, reconocido como Patrimonio de la Humanidad, por la UNESCO. Como parte del Camino Real que conectaba a la Ciudad de México con el Puerto de Acapulco, Cuernavaca se convirtió en una ciudad de importancia. Posteriormente, Don José de la Borda, uno de los mineros más importantes del virreinato, se construyó una casa de descanso, conocida actualmente como El Jardín Borda. En uno de sus múltiples viajes alrededor del mundo, el célebre naturalista, Alexander Von Humboldt, dijo que en Cuernavaca “la primavera parecía no tener fin”, declaración que derivó en el mote que la acompaña hasta el día de hoy: La Ciudad de la Eterna Primavera. Maximiliano y Carlota de Habsburgo aportaron al aire cosmopolita de la ciudad, ya que fue designada como la ciudad de veraneo de los emperadores, provocando la visita de multitud de personalidades en la segunda mitad del siglo XIX.

Después de la ocupación zapatista de la ciudad, su aire cosmopolita se fortaleció con la presencia de personalidades como el embajador de los Estados Unidos, Dwight W. Morrow, los artistas Diego Rivera y Frida Kahlo, el coleccionista Robert Brady o el aristócrata John Edward Spencer. Todos y cada uno de ellos dejaron su impronta, ya por su obra, ya por espacios que hoy son monumentos históricos o museos.