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Melchor Múzquiz

Coahuila

Protector de una de las colecciones paleontológicas más importantes del mundo, grandes maestros artesanos de talabartería y fluorita; hogar de las tribus kikapú y mascogos, y una deliciosa gastronomía que incluye chorizo encurtido en vinagre, son algunos de los atributos que le valieron a Melchor Múzquiz ser declarado el séptimo Pueblo Mágico de Coahuila, en 2018.

Ubicado a tres horas de Saltillo, el Pueblo Mágico de Melchor Múzquiz comenzó su historia en 1737, cuando fue fundado por los españoles como el presidio de Santa Rosa de Lima para repeler los ataques de los indios que habitaban la región. Sin embargo, esta tierra tiene pruebas palpables de que su origen comenzó hace 900 años atrás con el descubrimiento de fósiles de dinosaurios y crustáceos que se exhiben en el Museo de Paleontología.

Para continuar descubriendo los orígenes del pueblo hay que dirigirse a la Plaza Principal, donde no solo está el templo de Santa Rosa de Lima, sino también el Museo Histórico. El edificio en sí es una belleza al estar construido con piedras de río pero, en su interior, se explica cómo las tribus foráneas de los indios kikapú y los negros mascogos se asentaron en Múzquiz y se convirtieron en parte de su patrimonio cultural.

Precisamente, algunos integrantes de estas etnias son vistos con frecuencia en la plaza vendiendo pieles curtidas y maderas talladas. Para aprender más de ellos, el Pueblo Mágico de Melchor Múzquiz ofrece convivencias que requieren previa autorización de su líder espiritual, ya que se rigen por usos y costumbres.

También en el centro, hay que visitar algún taller de los maestros artesanos de fluorita, mineral con vetas turquesa y violeta que se emplea para elaborar esculturas e incluso muebles. Es imposible dejar a un lado las talabarterías para comprar cinturones, botas y sillas de montar.

Otro imperdible son los negocios de comida, principalmente en los que se lee un menú con platillos que lleven chorizo. Éste se elabora con una técnica artesanal de hace 300 años, la cual consiste en dejarlo secar al sol para después “curarlo” con vinagre y especias.

Si se pensaba que en Melchor Múzquiz no había arte contemporáneo, se está en un error, a 10 minutos del centro la casa del pintor mexicano Julián Galán Romo fue declarada museo para conocer sus litografías y, de paso, la casa de muñecas a escala humana, donde solía jugar el artista.

Por último, hay que conocer los parajes naturales del Pueblo Mágico como el Río Sabina con sus nacimientos de manantiales para navegar en kayak y el parque recreativo La Cascada con pozas naturales para darse un chapuzón.
Protector de una de las colecciones paleontológicas más importantes del mundo, grandes maestros artesanos de talabartería y fluorita; hogar de las tribus kikapú y mascogos, y una deliciosa gastronomía que incluye chorizo encurtido en vinagre, son algunos de los atributos que le valieron a Melchor Múzquiz ser declarado el séptimo Pueblo Mágico de Coahuila, en 2018.

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Ubicado a tres horas de Saltillo, el Pueblo Mágico de Melchor Múzquiz comenzó su historia en 1737, cuando fue fundado por los españoles como el presidio de Santa Rosa de Lima para repeler los ataques de los indios que habitaban la región. Sin embargo, esta tierra tiene pruebas palpables de que su origen comenzó hace 900 años atrás con el descubrimiento de fósiles de dinosaurios y crustáceos que se exhiben en el Museo de Paleontología.

Para continuar descubriendo los orígenes del pueblo hay que dirigirse a la Plaza Principal, donde no solo está el templo de Santa Rosa de Lima, sino también el Museo Histórico. El edificio en sí es una belleza al estar construido con piedras de río pero, en su interior, se explica cómo las tribus foráneas de los indios kikapú y los negros mascogos se asentaron en Múzquiz y se convirtieron en parte de su patrimonio cultural.

Precisamente, algunos integrantes de estas etnias son vistos con frecuencia en la plaza vendiendo pieles curtidas y maderas talladas. Para aprender más de ellos, el Pueblo Mágico de Melchor Múzquiz ofrece convivencias que requieren previa autorización de su líder espiritual, ya que se rigen por usos y costumbres.

También en el centro, hay que visitar algún taller de los maestros artesanos de fluorita, mineral con vetas turquesa y violeta que se emplea para elaborar esculturas e incluso muebles. Es imposible dejar a un lado las talabarterías para comprar cinturones, botas y sillas de montar.

Otro imperdible son los negocios de comida, principalmente en los que se lee un menú con platillos que lleven chorizo. Éste se elabora con una técnica artesanal de hace 300 años, la cual consiste en dejarlo secar al sol para después “curarlo” con vinagre y especias.

Si se pensaba que en Melchor Múzquiz no había arte contemporáneo, se está en un error, a 10 minutos del centro la casa del pintor mexicano Julián Galán Romo fue declarada museo para conocer sus litografías y, de paso, la casa de muñecas a escala humana, donde solía jugar el artista.

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