Museo Dolores Olmedo

Xochimilco

 

Colección de arte prehispánico
Otro atractivo en esta alcaldía, es el museo que fuera casa de la coleccionista Dolores Olmedo Patiño. En el interior de esta hacienda, pueden verse numerosas obras de Diego Rivera, Frida Kahlo y Pablo O’Higgins, además de cientos de piezas de arte prehispánico.
 
Al recorrerlo, la frescura de un inmenso jardín te hará olvidarte del calor, mientras el olor del pasto recién cortado terminará por convencerte de que la decisión de entrar fue muy atinada, pues no existe un espacio en la ciudad que se le parezca, donde arte, naturaleza y animales exóticos convivan como lo hacen en esta antigua hacienda convertida en museo.
 
Al hablar de los animales exóticos, no nos referimos a los que pudieran estar plasmados en pintura, sino a los Xoloitzcuintles que corren libremente transitan sin restricciones por sus instalaciones, y son nada menos que descendientes de una pareja de perros que heredó Diego Rivera a la coleccionista.
 
En esos mismos jardines, tampoco es de extrañarse cruzarte con un grupo de pavorreales descansando o paseando por allí, extendiendo sus alas como reverenciando a la figura de Olmedo y su inseparable Xolo, con su vestido bordado y su tocado de Tehuana.
 
 

 

 

 

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Otro atractivo en esta alcaldía, es el museo que fuera casa de la coleccionista Dolores Olmedo Patiño. En el interior de esta hacienda, pueden verse numerosas obras de Diego Rivera, Frida Kahlo y Pablo O’Higgins, además de cientos de piezas de arte prehispánico.
 
Al recorrerlo, la frescura de un inmenso jardín te hará olvidarte del calor, mientras el olor del pasto recién cortado terminará por convencerte de que la decisión de entrar fue muy atinada, pues no existe un espacio en la ciudad que se le parezca, donde arte, naturaleza y animales exóticos convivan como lo hacen en esta antigua hacienda convertida en museo.
 
Al hablar de los animales exóticos, no nos referimos a los que pudieran estar plasmados en pintura, sino a los Xoloitzcuintles que corren libremente transitan sin restricciones por sus instalaciones, y son nada menos que descendientes de una pareja de perros que heredó Diego Rivera a la coleccionista.
 
En esos mismos jardines, tampoco es de extrañarse cruzarte con un grupo de pavorreales descansando o paseando por allí, extendiendo sus alas como reverenciando a la figura de Olmedo y su inseparable Xolo, con su vestido bordado y su tocado de Tehuana.
 
 

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