Haciendas Henequeras

Campeche

A 30 minutos de la ciudad de Campeche, al norte, se esconde la historia del “oro verde”. Nos referimos al henequén, el cual se utilizaba para confeccionar cuerdas que ataban a los barcos, tapetes y bolsas, allá por 1856. Esta fibra trajo esplendor económico a toda la Península de Yucatán, hasta que los hilos sintéticos marcaron el fin.

Sin embargo, después de varios años, las haciendas henequeneras han sido rescatadas y transformadas en hoteles de lujo, donde, además de pasar unas vacaciones espléndidas, se puede aprender más sobre aquella época del “oro verde”.

La Hacienda Uayamón fue un ejemplo de progreso social, al contar con su propio ferrocarril, hospital, escuela para sus trabajadores y energía eléctrica, en el siglo XIX. Los vestigios aún están visibles y adaptados para disfrutar, como el antiguo cuarto de máquinas, donde se construyó la piscina. Esta hacienda dispone de 12 elegantes suites, con acceso hacia la selva campechana. Hay tours guiados a la zona arqueológica de Edzná.

La sede de la Escuela Naval de Infantería se alberga en lo que otrora fuera la Hacienda de San Luis Carpizo. Aquí se pueden explorar las crujías que conectaban con el cuarto de máquinas, donde se confeccionaba el henequén.

Hacienda Tankuché es una de las pocas que aún conservan la historia de la explotación del palo de tinte, utilizado para teñir textiles. Hay que caminar por su taller de madera y continuar hacia los terrenos del henequén. Sin dejar atrás su arquitectura de estilo medieval.

Hacienda Blanca Flor fue el escenario de violentas rebeliones durante la Independencia de México. Actualmente, opera como un hotel de lujo de 12 suites.

A 30 minutos de la ciudad de Campeche, al norte, se esconde la historia del “oro verde”. Nos referimos al henequén, el cual se utilizaba para confeccionar cuerdas que ataban a los barcos, tapetes y bolsas, allá por 1856. Esta fibra trajo esplendor económico a toda la Península de Yucatán, hasta que los hilos sintéticos marcaron el fin.

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Sin embargo, después de varios años, las haciendas henequeneras han sido rescatadas y transformadas en hoteles de lujo, donde, además de pasar unas vacaciones espléndidas, se puede aprender más sobre aquella época del “oro verde”.

La Hacienda Uayamón fue un ejemplo de progreso social, al contar con su propio ferrocarril, hospital, escuela para sus trabajadores y energía eléctrica, en el siglo XIX. Los vestigios aún están visibles y adaptados para disfrutar, como el antiguo cuarto de máquinas, donde se construyó la piscina. Esta hacienda dispone de 12 elegantes suites, con acceso hacia la selva campechana. Hay tours guiados a la zona arqueológica de Edzná.

La sede de la Escuela Naval de Infantería se alberga en lo que otrora fuera la Hacienda de San Luis Carpizo. Aquí se pueden explorar las crujías que conectaban con el cuarto de máquinas, donde se confeccionaba el henequén.

Hacienda Tankuché es una de las pocas que aún conservan la historia de la explotación del palo de tinte, utilizado para teñir textiles. Hay que caminar por su taller de madera y continuar hacia los terrenos del henequén. Sin dejar atrás su arquitectura de estilo medieval.

Hacienda Blanca Flor fue el escenario de violentas rebeliones durante la Independencia de México. Actualmente, opera como un hotel de lujo de 12 suites.

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