Los achoques, habitantes acuáticos de Pátzcuaro

Agosto | 2018

Los ajolotes tienen unos primos conocidos como achoques, semejantes a ellos, que viven en el lago de Pátzcuaro. Desafortunadamente se encuentran en peligro de extinción, pero la buena noticia es que se les está rescatando. Y ese rescate lo empezaron, sí, unas religiosas. 

Tienen una antigüedad de hasta 370 millones de años. Pertenecen a este tipo de anfibios que no se acabó de decidir si serían peces o reptiles. Se quedaron siendo achoques.
Su nombre científico es Ambystoma dumerili. Como los ajolotes, tienen la capacidad de regenerar su cuerpo y sus órganos internos.
Su capacidad de regeneración ha llamado la atención de científicos de todo el mundo. Ellos estudian su ADN porque creen que así podrían ayudar a regenerar tejidos en los humanos.
En Pátzcuaro se les conoce como “perros de agua”. Y son unos animalitos importantes en la mitología purépecha.
Son hermafroditas. Pasan su vida en el agua y son huidizos. Su piel les permite camuflarse con el ambiente.
Alguna de las leyendas purépechas dice que el achoque fue un dios malvado. Cuando los otros dioses quisieron deshacerse de él y enviarlo al inframundo, este dios se escondió en el Lago de Pátzcuaro y así surgió el achoque.
Los toltecas lo elevaron a dios llamándolo Xólotl. De ahí deriva la palabra ajolote y la palabra xoloizcuintli que designa a nuestros queridos perros pelones.
Se utilizan como energetizantes, revitalizantes y reconstituyentes del sistema inmune. El jarabe de achoque es buenísimo para enfermedades respiratorias; revitaliza a los ancianos o a los anémicos; y a las mujeres parturientas se les da caldo de achoque. También es muy valioso durante el período de lactancia.
La contaminación del lago de Pátzcuaro y la sobreexplotación de los achoques casi los llevan a la extinción. Hacia 2011 apenas se podían encontrar estos animalitos en el lago.
Pero una congregación de religiosas entró al rescate. Son de la orden del monasterio de María Inmaculada de la Salud, quienes desde el año 2000 crearon un criadero achoques. Al inicio los tenían para hacer con ellos remedios medicinales. Después se dieron cuenta de su valor ecológico y así han logrado preservarlos.
En Pátzcuaro les parecen tan feos, que incluso a los hombres feos les apodan achoques. A nosotros nos parecen adorables. ¿Te gustan los achoques a ti?