El tiempo de los mexicanos ¿es relativo?

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Junio | 2018

Los extranjeros que visitan México pueden acostumbrarse al Día de Muertos, a las comidas picantes y a nuestra estridencia musical. Pero siempre se les complica nuestra relatividad del tiempo. ¿A qué nos referimos cuando les hablamos del “ahorita”?

Desde la idiosincrasia mexicana, el tiempo es relativo. La tan admirable puntualidad oriental o inglesa parece un rudimento contra la elasticidad de conceptos como el “ahorita”, “ya casi” o “en un ratito”.


Hay quien dice que esto denota impuntualidad o poca formalidad, pero es falso. Si hay un buen trabajador, una persona comprometida con sus proyectos y sus relaciones, ése es un mexicano.

Pero también es cierto que nuestro manejo del tiempo es ambiguo, casi místico. Comprende subjetividad, rebelión, confianza en uno mismo y aventura por la vida.
El ahorita tendría un equivalente con el right now anglosajón. Pero mientras para ellos es un mandato inmediato e impostergable, para nosotros se trata de una fórmula evasiva y evanescente. Lo ha explicado la lingüista Concepción Company, de la UNAM:
El ahorita es un tiempo concebido desde la subjetividad: se hará lo que se deba en el tiempo que uno considera pertinente. El ahorita podría medirse como un tiempo indefinido, pero no prolongado.

Una periodista inglesa, Susannah Rigg, quedó tan intrigada por el uso del ahorita, que hasta le dedicó un artículo en BBC Travel. Terminó describiéndolo así:
“El ‘código ahorita” no implica una fluidez en el lenguaje, sino una fluidez en la cultura”. “Ahorita llego”, que directamente se traduce a ‘estoy llegando en este momento’. En los hechos significa: “estaré ahí dentro de un periodo indeterminado de tiempo”, mientras que ahorita regreso (vuelvo enseguida) significa: “Volveré en algún punto, pero quién sabe cuándo”.

Pero, aunque Rigg como muchos extranjeros no terminen de entender por completo el concepto del “ahorita”, por lo menos han reconocido sus beneficios: tomarse las cosas con calma, relajarse, dejarse llevar por el flujo de un tiempo laxo, en el que caben todas las imaginaciones y todas las aventuras.