Arte digital: computadoras, creatividad, bits y sentimientos

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Ciudad de México

Julio | 2016

El arte suele ir de la mano con los tiempos que le tocan vivir. Y si las computadoras están a la orden del día, los artistas echan mano de ellas para involucrarlas en el proceso creativo. Así, la escena del arte digital en México está en plena ebullición.

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Las luces de ese cuarto están cambiando de tonalidad. Aunque pueda parecer que lo hacen de forma caprichosa, en realidad están en sintonía con las noticias sobre la Ciudad de México que en ese preciso momento se publican en redes sociales. A través de unas bocinas, se oye cómo un robot lee los contenidos: si la información es positiva, los colores de las luces son amables, si es negativa, viran hacia el rojo, incluso pueden llegar al negro. Se trata de una pieza de arte digital llamada Red de Información Sonora V1 que el artista Hugo Solís montó hace unos días en el Centro de Cultura Digital de la Ciudad de México. Hugo forma parte de una nueva ola de creadores.

El arte electrónico está en auge entre los que buscan un vínculo que conecte lo digital y los sucesos contemporáneos.

La idea es entablar cuestionamientos en ambientes inmersivos, donde el espectador se pone en tensión con la obra.

Red de Información Sonora V1, pieza de Hugo Solís.

Hace más de cuarenta años

El padre de este movimiento en México fue Manuel Felguérez, en los revolucionarios setentas. Él tenía acceso a una hora en una computadora de la Universidad Nacional Autónoma de México y ahí descubrió el potencial creativo de los bits. Pero en aquella época las computadoras avanzaban muy lento para sus ansias creativas. Solicitó, entonces, una beca al Guggenheim con la que se fue a Harvard, donde creó un programa que se valía de cifras matemáticas para hacer dibujos en un plotter.

Manuel Felguérez, precursor del arte digital. Instituto Nacional de Bellas Artes

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Hoy, despertar sentimientos con bits

Actualmente, uno de los artistas mexicanos con más renombre internacional en la materia es Rafael Lozano-Hemmer, su trabajo bordea una delgada línea entre la arquitectura y el performance ya que involucra al público en obras de gran formato.

Su pieza Surface Tension se puede ver hasta el 31 de julio en el Centre de la Photographie en Ginebra. El montaje consiste en un gigantesco ojo humano que sigue con rigurosa exactitud los movimientos del espectador. Dicha instalación estuvo en México en 2015, en el Museo de Arte Contemporáneo de la Ciudad de México.

Por definición, el arte digital son todas aquellas manifestaciones llevadas a cabo por un ordenador en cualquiera de los pasos previos a la materialización de la obra o su exhibición. La paradoja radica en que la tecnología se humaniza porque está enfocada en despertar sentimientos.

Surface Tension, de Rafael Lozano-Hemmer.

Danza y literatura
Las disciplinas, como en todo arte, son amplias, por ejemplo Esthel Vogrig es coreógrafa y sus piezas están marcadas por el movimiento. Es creadora de Los Vecinos del Ritmo donde construyó un instrumento llamado La Matraca que consta de una cámara que detecta los movimientos del cuerpo y éstos se convierten en sonido. Dicho proyecto contó con el apoyo del Programa de Jóvenes Creadores.

En el ámbito de la literatura se trata de obras específicas para el medio digital. Casi siempre se cruzan varios lenguajes y soportes. Aquí se cuestiona la relación del usuario con la máquina porque para tener una pieza y para entenderla hay primero que saber los procesos de la computadora.

En ese ámbito está el trabajo de Ernesto Miranda Trigueros, quien ha lanzado una serie de aplicaciones con obras clásicas donde no sólo transcribe los textos a la plataforma sino que ofrece diferentes formas de interacción, como representaciones de 3D o nuevas rutas de lecturas, reinventado así la obra misma. Entre los textos que ha intervenido están el poema “Blanco”, de Octavio Paz; “Muerte sin fin”, de José Gorostiza, y “El fantasma soy yo”, de Amado Nervo, entre otros.

Ser parte de la tendencia
Como esto es una tendencia en crecimiento, para fortalecer dicha creación, el Centro de Cultura Digital de la Ciudad de México ofrece asesorías personalizadas a los artistas que quieran capacitarse en herramientas, es decir, funciona como un laboratorio de innovación y creatividad.

Lo mejor de dichas asesorías es que son gratuitas pero el usuario debe tener claro qué es lo que busca aprender para que en el centro busquen al asesor indicado que le pueda resolver sus dudas.