Los Tarahumaras Milenarios

 

Esta ruta incluye el célebre y asombroso recorrido en tren por las Barrancas del Cobre, en el estado de Chihuahua; un paseo por paisajes épicos ocupados por antiguos pueblos tarahumaras. Ellos reciben gustosos a los viajeros con intenciones de fijar en su espíritu vivencias inolvidables. El paseo en tren termina en Mazatlán, la tierra de los buenos mariscos, playas doradas y uno de los centros históricos mejor cuidados del país.

Destinos que integran la ruta

CHIHUAHUA

 

CREEL

 

Ciudad de cantera y cielo claro. No es extraño encontrarse en la calle a rarámuris que bajan de la Sierra Tarahumara para hacer compras u ofrecer sus artesanías. Es difícil ignorar los cortes de carne, la cerveza fría, y otras bondades del norte mexicano. Conocer las mansiones del tiempo de la Revolución Mexicana, la catedral y la tumba de Pancho Villa hacen de este destino una interesante clase de historia. Aquí empieza la ruta en el tren Chihuahua-Pacífico, que cruza por las dramáticas Barrancas del Cobre. En la mina de Naica está la cueva de los cristales más grande del mundo bautizada la Cueva de las Espadas.

 

Esta población maderera es considerada la puerta hacia la vasta Sierra Tarahumara y también un Pueblo Mágico. Desde aquí suelen partir grupos de viajeros interesados en los deportes extremos. Hay quienes en cambio prefieren la tranquilidad de sus dos iglesias, el Lago de Arareco, el Valle de los Hongos, la cascada de Cusárare o la misión jesuita de San Ignacio con su magnífica colección de arte virreinal. Un gran sitio para celebrar el Bicentenario y sentirse orgulloso de ser mexicano, además de poder vivir de cerca el esoterismo.

 

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BARRANCAS DEL COBRE

 

BAHUICHIVO / CEROCAHUI

 

El grupo de seis cañones en la Sierra Tarahumara, más extenso y profundo que el Cañón de Colorado, es un sitio impresionante, y no sólo por el gigantesco paisaje, sino también por la riqueza étnica de los lugareños: el pueblo tarahumara. Vale mucho la pena conversar con alguna de estas personas y por supuesto emprender el viaje en el tren Chepe, que recorre desde la capital de Chihuahua hasta Los Mochis en Sinaloa. Las Barrancas del Cobre representan un paraíso para los amantes de la naturaleza y los deportes de aventura.

 

Si uno viaja en el Chepe hay que bajarse en la estación Bahuchivo para llegar a Cerocahui, pueblecito rodeado de cascadas y hermosos valles. Es el sitio de partida para explorar el Cañón de Urique, con casi dos mil metros de profundidad. Hay que visitar la misión de San Javier, la cascada del mismo nombre y el albergue para niñas rarámuris. A 25 kilómetros de aquí está el Cerro del Gallego, desde cuyo mirador se tiene una de las vistas más espectaculares de la Sierra Tarahumara. Ideal para los interesados en el ecoturismo.

 

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EL FUERTE

 

LOS MOCHIS

 

Otro de los destinos aclamados de la ruta del Chepe. Se trata de un pueblo colonial que funcionó como un importante centro minero durante el siglo XIX. Vale la pena descubrir sus grandes mansiones, actualmente convertidas en preciosos hoteles. La plaza central y su catedral logran un hermoso cuadro con la frondosa vegetación. No hay que perderse el paseo en balsa por el río El Fuerte y escuchar las historias relacionadas con El Zorro, originario de este Pueblo Mágico.

 

Moderna ciudad en la que termina (o inicia, según se vea) el recorrido del Chepe. De tradición agrícola e industrial, este destino es famoso por sus mariscos. Vale la pena visitar la bahía de Topolobampo y hacer un recorrido en yate para observar a las familias de delfines. Desde aquí salen los barcos hacia La Paz, Baja California.

 

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CIUDAD CUAUHTÉMOC

 

MAZATLÁN

 

Desde Chihuahua, ésta es la primera parada del tren, mejor conocido como Chepe. Además de ser una de las zonas más prósperas del estado, gracias a la producción de manzanas y otras labores, Ciudad Cuauhtémoc se caracteriza por contar con la comunidad menonita (granjeros de ascendencia alemana con tradiciones religiosas muy arraigadas) más grande del mundo. Son famosos sus quesos y cremas, y también los restaurantes de pizzas en la carretera. No hay que dejar de visitar el museo local en uno de los extensos campos menonitas.

 

“La Perla del Pacífico” es el puerto sinaloense por excelencia. Es famoso por sus mariscos, su sistema de transporte tirado por caballos y el carnaval que se realiza cada febrero. Su costa combina 18 kilómetros de playas y olas altas ideales para practicar surf, con el malecón más alto de América Latina. En el Cerro Crestón se encuentra un faro natural que algunos aseguran es el más alto del mundo. En el centro se puede visitar la Catedral Basílica de la Inmaculada Concepción y la Plaza Machado. Para campos de golf, tiendas, clubs y grandes hoteles, hay que darse una vuelta por la Zona Dorada. Eso sí, el viajero debe probar un tejuino, una peculiar bebida a base de maíz.

 

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Experiencias en la Ruta


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Estados que Integran la Ruta

Distrito Federal

Todo confluye en esta gran urbe, la más antigua del continente americano: edificios coloniales, vestigios prehispánicos y la vorágine de la vida contemporánea. Su variedad de espacios culturales y de sitios patrimoniales le han conferido su carácter cosmopolita.
Sus barrios, todos distintos, ofrecen experiencias bohemias, sofisticadas, divertidas, de aprendizaje y mucho más. Pero conocer el Centro Histórico, donde todo se originó, es sin duda imprescindible. Y en el abanico de posibilidades del Distrito Federal no falta el ámbito rural, cápsulas de paz verde como las que ofrecen paseos por los canales de Xochimilco o pueblos dedicados al mole, como San Pedro Atocpan.

Tlaxcala

Puede que sea el más pequeño de los 32 estados de la República pero eso no quiere decir que Tlaxcala no esconda una gran riqueza cultural y natural únicas. Además de las hermosas pinturas de Cacaxtla, en sus pueblos y ciudades se respira un aire colonial que deja una huella hasta en su gastronomía típica. Además, en sus campos, con hermosas vistas de los volcanes, se crían posiblemente los más bravos toros de lidia del país. Una mezcla entre historia, naturaleza y cultura a sólo unos cuantos kilómetros de la ciudad de México.

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Puebla

Dicen que el mole tuvo su origen en la cocina de un convento de Puebla alrededor de 1680; otra historia dice que fue gracias al descuido de un fraile. Lo cierto es que para conocer el estado a fondo hay que hacerlo a través de sus cocinas, sus olores y sabores, sin importar si es en el mítico ex Convento de Santa Rosa, en un restaurante elegante o en alguna de las fondas más famosas. (Y en la mitad del tour gourmet hacer un descanso para visitar la zona arqueológica de Cholula, los talleres de talavera y algunos de los templos principales.)

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Oaxaca

"Vas a comer increíble" es lo primero que le dicen a uno cuando va a viajar a Oaxaca, y luego vienen las interminables recomendaciones de restaurantes, mercados y fondas donde probar el mejor mole negro, los chapulines más crujientes o las tlayudas más abundantes. Mucho después, llegarán las sugerencias para visitar los sitios arqueológicos de Monte Albán y Mitla, los pueblos de los valles centrales para comprar artesanías, las playas al sur para surfear las mejores olas y las galerías de arte de la capital.

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