Desde que llegamos a este Pueblo Mágico nos cautivó su diversidad vegetal: vimos zapotes blancos, guayabos y ciruelos creciendo al lado de helechos, jacarandas y nopales. Y en más de un patio o jardín nos sorprendieron las miradas colgantes de las orquídeas. Malinalco nos fue conquistando con las muestras vivas de su pasado prehispánico y colonial, con su colorido mercado, sus calles empedradas, sus capillas de barrio y sus hoteles pequeños y encantadores.
