San Miguel de Allende invita a tomar largos paseos. Descubre sus múltiples secretos mientras deambulas por sus estrechas calles empedradas. No olvides llevar zapatos cómodos para caminar debido a que el adoquín, aunque pintoresco, requiere de un calzado resistente. Comienza tu paseo en el Jardín Principal. Este es el corazón de San Miguel, desde donde salen estrechas calles empedradas, repletas de hermosas Iglesias y mansiones de la época colonial. Las fachadas están pintadas en tonos térreos, cálidos, cafés, terracota, ocre profundo, palo de rosa y amarillo. Flores de buganvilia en color magenta y morado añaden toques brillantes de color. San Miguel es una ciudad de jardines, aún cuando la mayoría de ellos no son evidentes de inmediato. Al caminar por la ciudad, podrás vislumbrar patios interiores y tejados cubiertos de exuberante vegetación y coloridas flores.
Al sur del Jardín pasarás por la Plaza de Toros de San Miguel, construida en la década de 1950, con capacidad para más 3 mil espectadores. Continúa hacia el Paseo del Chorro, un manantial de agua que fue utilizado originalmente por las tribus indígenas locales antes de ser descubiertas por los españoles en el siglo XVI. La ciudad fue fundada inicialmente alrededor de este manantial, que ahora es un arbolado y tranquilo parque. Muy cerca de ahí está el Parque Juárez, un gran parque con fuentes, puentes y senderos, así como un área de juegos infantiles para los niños. Toma asiento en una banca de hierro forjado para hacer una pausa y disfrutar de la belleza natural.