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Mayas, olmecas, aztecas, toltecas, zapotecas, totonacas, chichimecas. Desde lejos, todo parece similar, pero los sitios arqueológicos mexicanos explican paso a paso las características de las culturas que forjaron su historia actual.
Cerámicas, estelas, códices, pinturas murales y construcciones de todas las formas y tamaños recuerdan a los dioses que usted conocerá en estos sitios: mariposas, serpientes, grandes figuras masculinas y femeninas lo mismo fértiles e iracundas que fueron veneradas y temidas.
Huitzilopochtli, hijo de Coatlicue y asociado con el sol, tuvo que deshacerse de sus hermanos para sobrevivir y mostrar a los mexicas dónde construir su ciudad, que hoy es la capital del país, según la mitología mexica. Su madre, diosa de la vida y de la muerte, se muestra con medio rostro y medio cráneo, representando esta dualidad.
Otro interesante personaje es Quetzalcóatl, deidad azteca representada por una serpiente emplumada, recurrente en las construcciones, que prometió regresar algún día a dirigir su pueblo. Para teotihuacanos y nahuas, Tláloc regía las cosechas por su control sobre el agua, y se le hacían ofrendas para asegurar las lluvias. Para los mayas, esta deidad era Chaac, quien rondaba en los cenotes, puertas de acceso al inframundo.
Dominar el enorme terreno mexicano fue una tarea ardua, reservada para las organizaciones más organizadas, fuertes y capaces. Usted podrá revivir el esfuerzo que madres, exploradores, urbanistas y guerreros, guiados por sacerdotes y científicos, hicieron para asentarse hasta en los lugares más recónditos de la república.
Una intensa creencia en lo divino generó mitologías y cosmogonías complejas y costumbres que aún hoy palpitan en el corazón de los mexicanos, orgullosos de un legado que se transformó después de la llegada de los españoles y que usted puede conocer de primera mano.